En un entorno como el nuestro, de claves indefinidas, donde cada cual atrapa su espacio a su manera, los emos no son más que una forma de expresión de jóvenes que tienden a victimizarse.Se trata de una nueva e inquietante tribu urbana, cuyos cultores rechazan sistemáticamente a su familia, a la sociedad y a la humanidad completa que, por supuesto, no les comprende. Vestidos de negro, con los ojos maquillados, flequillo a lo pijo alternativo y mirada triste, se autoflagelan para mostrar su dolor. Se definen como personas sensibles, víctimas inadvertidas del mundo que las rodea.
Los emos suelen ser gente delgada que se deja el pelo largo para ocultar parte de su rostro, no vaya a ser que los vean. Debido a su andar afeminado, a veces son confundidos con los metrosexuales -otra tribu urbana de la que me ocuparé en su momento- hombres que cuidan excesivamente su estética y terminan brindando un aspecto femenino.
Los emos tienden a llorar por las esquinas, con o sin motivo, haciendo un mundo -a veces dos o tres mundos- de sus imaginarios problemas. Predican la anarquía, el socialismo y el comunismo, vistiendo ropa de primeras marcas y alto precio, tipo lacoste, burberrys o ralph lauren. Sus champions, por excelencia, son las converse all-star o “pisahuevos”.
Se consideran vegetarianos porque queda cool ir de eso, por más que luego se zampen en el Mac Donals un bigmac con lechuga, y consideren bocadillo vegetal a esa mezcla pringosa de carne, lechuga y huevos duros con medio litro de mayonesa.
La especie, cuyos pasos evolutivos no se conocen con seguridad, usa pantalones ceñidos en exceso, probablemente sustraídos del armario de su hermana, a condición de que no sea caderona, remera oscura y mochilas de cartero llenas de parches de bandas emo punk. A veces se colocan gafas de pasta, aunque vean perfectamente, cinturones de cuadritos de colores y características cromáticas inusuales, o de tachuelas. Tienden a exhibir bordados con forma de estrellita de dudosa tendencia sexual, con puntas redondas, no se vayan a pinchar, corazones y caritas tristes o pseudocadavéricas, con una curiosa devoción por hello kitty, la gatita blanca antropomorfa que lleva un lazo en su oreja izquierda. También les encanta gloomy bear para acompañar las emociones o antiemociones de la especie. Es un osito encantador, tierno y blando aunque, en realidad, se trata de una bestia que asesina y devora humanos.
En grupos, suelen ir tomados de la mano -iba a escribir “cogidos”, pero mi estricta correctora de estilo no me lo permite- no vaya a ser que se pierdan. Luego se ubicarán en una esquina oscura a escuchar su ipod rosado, decorado con la sangre de sus propias venas abiertas, para quitarse una foto tapándose la boca o con cara de sorprendidos o tapándose la boca con cara de sorprendidos.
Estos emos virales, que no viriles, contagian con su sola presencia a las demás criaturas de dios, provocando que la enfermedad flequillus emoide esté actualmente en vías de convertirse en una pandemia al estilo de la gripe del cerdo, con perdón. Véase si no el animalito de al lado o el caso más dramático del mismísimo Emo Morales.Dentro de unos años, los supervivientes irán al trabajo vistiendo saco emidio tucci y corbata de seda natural, y escucharán a Moby, que es como escuchar hoy a Kenny G y hace 20 años a Ray Conniff.
FOTO (Arriba del todo): Chico emo despidiéndose de su mejor amiga antes de cortarse las venas.








